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Espiritualidad

El Papa canoniza al jesuita Pedro Fabro

El 17 de diciembre el Papa Francisco inscribió en el catálogo de los Santos al jesuita Pedro Fabro, quien con San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier conformó el núcleo fundador de la Compañía de Jesús, siendo además el primer jesuita en ser ordenado sacerdote. Como el mismo Papa Francisco lo ha señalado, Pedro Fabro representa al modelo de "sacerdote reformado", es decir, al sacerdote bien formado y con espíritu misionero, al sacerdote comprometido con la fe y al mismo tiempo con el diálogo entre diferentes confesiones. La noticia nos alegra a los que compartimos la espiritualidad ignaciana, puesto que Pedro Fabro fue además un gran difusor de los Ejercicios Espirituales, al punto que Ignacio de Loyola decía que era el que mejor los ofrecía. 

 


BIOGRAFÍA

Pedro Fabro (Pierre Favre) nació el 13 de abril de 1506 en Villaret, en la Alta Saboya (Francia) y murió el 1 de agosto de 1546 en Roma.

Fue el mayor de una familia de pastores. Era muy estudioso, y sus padres le permitieron estudiar primero en Thônes y más tarde en La Roche, con el sacerdote y maestro Pierre Velliard, hasta que se trasladó a París. En 1525 empezó sus estudios en la Universidad de París y se alojó en el Colegio de Santa Bárbara. Su compañero de habitación era Francisco Javier y poco después se sumó a ellos Ignacio de Loyola. Fabro se convertiría en su más avanzado discípulo. Pedro, de gran capacidad intelectual, ayudaba a Ignacio en sus estudios, mientras Ignacio guiaba a Pedro en materia espiritual, puesto que Pedro tenía dudas sobre su futuro y cómo debía orientar su vida.

En 1530 recibió el grado de bachiller y de licenciado en Artes, y empezó seis años de estudio intermitente de teología. A inicios de 1534 hizo los Ejercicios Espirituales completos, bajo la guía de Ignacio, lo que supuso para él una gran experiencia.

Se ordenó sacerdote en mayo. El 15 de agosto de aquél mismo año, como único sacerdote del grupo, celebró la Misa en la cripta de la capilla de San Dionisio de Montmartre en la que Ignacio y sus seis compañeros hicieron votos de pobreza, castidad y de trabajar apostólicamente en Tierra Santa. Era el origen del grupo del que más adelante surgiría formalmente la Compañía de Jesús.

Cuando Ignacio se trasladó a España en 1535, Fabro quedó de guía del grupo. En octubre de 1536 recibió el grado de maestro en Artes, y después, él y los otros compañeros se reunieron con Ignacio en Venecia, donde trabajaron atendiendo a pobres enfermos en hospitales de la ciudad mientras esperaban la oportunidad de partir a Tierra Santa.

Siendo imposible el viaje, en 1537 Ignacio y los demás se dirigieron a Roma para ofrecer sus servicios al Papa. Durante este viaje Fabro fue testigo privilegiado, junto con Diego Laínez, de la experiencia mística que Ignacio tuvo a pocos kilómetros de Roma (“la visión de la Storta”).

En Roma ejerció como profesor de Teología y Sagrada Escritura en la Universidad de la Sapienza hasta mayo de 1539, cuando fue enviado por el Papa Pablo III a Parma y Piacenza, donde predicó, oyó confesiones, y dio Ejercicios Espirituales durante dieciséis meses.

A partir de este momento empieza a viajar sin descanso por gran parte de Europa, para responder a las misiones que le son encomendadas por el Papa o por Ignacio. Así, Fabro pasará por Italia, Alemania, Países Bajos, Francia, Portugal y España, desplazándose a pie en varias ocasiones de un país a otro.

Allí donde iba, además de sus ocupaciones, procuraba ayudar y acompañar espiritualmente a las personas que lo necesitaran, de toda condición, desde teólogos o gobernantes como el duque de Gandía, que sería después san Francisco de Borja, a gente sencilla del pueblo, pobres o moribundos.

Fue enviado por el Papa a los coloquios con los jefes protestantes en Worms y Ratisbona, como compañero del Dr. Pedro Ortiz, representante del emperador Carlos V. En sus cartas, Fabro recoge las consecuencias del protestantismo en Alemania y la situación del catolicismo. Para él, la solución no pasa tanto por las discusiones, sino por la reforma radical de los fieles, y en especial del clero. Por este motivo, emplea su tiempo en conversaciones espirituales y en dar Ejercicios a católicos que más pueden influir en la reforma.

Estando Fabro en Ratisbona, en 1541, es aprobada la Compañía de Jesús e Ignacio es elegido como Superior General. Acompañó, después, a Ortiz a España, estableciendo una red de amigos, y contactos para la nueva Compañía de Jesús en Barcelona, Zaragoza, Medinaceli, Madrid, Ocaña y Toledo.

A principios de 1542 recibió el nombramiento de asistente del cardenal Giovanni Morone, nuncio papal en Alemania, por lo que una vez más tuvo que cruzar Europa a pie. Pronto se trasladó a Maguncia, donde predicó y dio Ejercicios, entre otros, a Pedro Canisio. Después de cortos períodos de trabajos apostólicos en Colonia, Amberes y Lovaina, haciendo como siempre amigos, Fabro fue enviado por Pablo III a visitar la corte de Portugal y Évora. Logró reunirse con los escolares jesuitas en Coimbra antes de tener que partir para la corte de España en Valladolid en 1545. Fundó comunidades jesuitas en Valladolid y Alcalá.

En 1546, el Papa Pablo III lo nombró uno de los teólogos papales en el Concilio Ecuménico que se celebró en Trento. El padre Fabro volvió a viajar, pero su salud estaba muy deteriorada por los frecuentes ataques de fiebre que había sufrido en los últimos años. Quería visitar a Ignacio antes de ir a Trento en el norte de Italia, por lo que partió de Barcelona hacia a Roma, a donde llegó el 17 de julio. Antes de que tuviera la oportunidad de prepararse para ir a Trento, la fiebre lo atacó nuevamente. Murió a los 40 años, acompañado por Ignacio.

Fue enterrado en la Iglesia de nuestra Señora del Camino en Roma pero cuando se erigió en el mismo lugar la Iglesia del Gesù en 1569, sus restos, al igual que los de otros primeros jesuitas, fueron reubicados. En su Memorial o Diario Espiritual dejó descritos sus rasgos más humanos y sus experiencias místicas.

El 5 de septiembre de 1872, el Papa Pío IX, reconociendo el culto que se le venía dando en su nativa Saboya, lo declaró beato. Su memoria se celebra el 2 de agosto.

 
 

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