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Mundo

Ser o no ser Charlie. Otro dilema moral

Hace ya algunos días vimos en las noticias los niveles a los que puede llegar la barbarie del ser humano. La respuesta no se hizo esperar. No sólo me refiero, por cierto, a la eficacísima intervención policial, sino principalmente a las movilizaciones pacíficas en la capital de Francia y en otras varias ciudades europeas. Bajo el lema "yo soy Charlie" millones de personas se solidarizaron e hicieron un bloque común contra la violencia.

Durante mis ocho años en París, siempre me impresionó la capacidad de los europeos para reaccionar frente a los mecanismos antidemocráticos. Y no sólo me impresionaba, siempre lo celebraba con una secreta añoranza de lo que quería que ocurriera en esta parte del mundo. Pero hay que interpretar bien esta campaña de "yo soy Charlie", porque no creo que ella quiera avalar una forma de entender la libertad que, reconozcámoslo, es deplorable. Me he tomado varios días para mirar las caricaturas de Charlie Hebdo y después de un análisis estoy inclinado a pensar que es difícil entender este humor corrosivo; no creo que sea comprensible fuera de ciertos márgenes culturales y aún en su propio ámbito y espacio, sospecho que tendría muchos detractores. 

La sátira que usa este semanario es agresiva. Juzgar que es agresiva, me parece, es lo mínimo que puede afirmarse, sin abandonarse a la susceptibilidad. Estas caricaturas no se refieren a personas, sino a formas de estar en la vida, a formas de ser, es decir a creencias que son omniabarcantes y que involucran a grupos de personas. Parecería que lo políticamente correcto tendría más cuidado con las minorías que con los grandes sistemas de creencias. Y si es así, ¿tiene la prensa libertad o patente de corso para tomar al creyente como punching bag? ¿Es suficiente decir que sus carátulas escogían a diferentes objetivos y que criticaban a cualquiera? ¿No es acaso cierto que la sátira puede devenir en un instrumento que hace manifiesta la intolerancia o incluso el racismo? ¿No se han dado cuenta acaso que la religión representa también una cultura? Y por último, ¿cuándo afirmo que soy Charlie justifico también la subrepticia y a la vez descarada intolerancia frente a la religión? 
 
Pues ser Charlie no permite avalar formas de actuar que son objetivamente cuestionables y lamento que la reacción contra la violencia no deplore también el exceso de libertad, o mejor dicho, la negligencia en el uso de la libertad. Según mi modesto entender, sería vital que las autoridades competentes expresaran una palabra sobre una violencia intolerante que se escuda en una mala comprensión de la libertad de prensa. ¿Por qué? Porque de no hacerse, quienes no son Charlie, pero comparten una cultura reinvindicarán de una manera cada vez más exaltada su modo de ser. Quienes dieron muerte violenta a las doce personas en Charlie Hebdo estaban enfermas. No cabe duda. Además de fundamentalistas, estaban fuera de la realidad. Pero quienes creemos, y lo hacemos enseñando tolerancia y tenemos una sana dosis de humor e ironía no podremos estar de acuerdo con ninguna de las dos violencias aun cuando sean entre si incomparables.
 
Hace poco y en referencia a lo ocurrido recientemente en Paris, el Papa Francisco sostuvo que si alguien hablara mal de su madre reaccionaría dando un golpe. Las críticas no se hicieron esperar e hicieron una lectura sorpresiva: más bien debería mostrar la otra mejilla, dijeron. 
 
A mi modo de ver, esta crítica puede disolverse de dos modos. El primero develando un sentido menos usual de la frase bíblica y el segundo entendiendo adecuadamente lo que dijo el Papa.
 
1. Partamos por la Biblia. El fundamentalismo descansa sobre interpretaciones de carácter literal de la Biblia (o de cualquier libro sagrado). ¿Qué significa esto? Significa que cuando se cita a la Biblia debe observarse el contexto. La dificultad de interpretar la Biblia está, entre otras cosas, en que es necesario obedecer a la intra y a la intertextualidad. En el caso concreto, tanto Lucas como Mateo tienen una frase análoga sobre la mejilla. Mateo, sin embargo, se refiere a una acción judicial que rompe la ley del Talion; Lucas se refiere a una agresión sufrida y ante la cual puede resistirse sin violencia. Para el presente caso, entiendo que se aplica mejor el texto de Lucas. Con todo, el único pasaje bíblico en el que Jesús recibió una bofetada es durante la pasión (Jn. 18,22) y no ofreció la otra mejilla, sino que puso en evidencia la irracionalidad del castigo. En este sentido, y dejando de lado la letra del texto, poner la otra mejilla significa resistir al mal y a la violencia y oponerse a ella sin usar sus formas. 
 
2. Lo que dijo el Papa. Habría que estar muy confundido para pensar que el Papa desearía de algún modo incitar a la violencia. Admitamos que el símil no es el más feliz, pero es evidente que lo que está diciendo es que la relación que establece el creyente con sus creencias es tan vital y afectivo como el que tiene el ser humano con su madre. Este recurso es una simple analogía que no pretende justificar la brutalidad del asesinato, pero que tampoco puede hacerse de la vista gorda frente a la agresión de Charlie Hebdo. 
 
Ser Charlie es rechazar la barbarie; no ser Charlie es rechazar la intolerancia. Y en ambos casos, lo único que no admite dudas es que la paz necesita de todos.
 
P. Rafael Fernández Hart, SJ
Texto publicado en el blog Mistagogía
 

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